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La flora intestinal: la importancia de convivir

Por jueves, enero 9, 2020 Sin Comentarios
flora intestinal qué es

Casi con toda seguridad, una de las consultas más frecuentes que nos encontramos desde detrás del mostrador de nuestra farmacia es la relacionada con diversos trastornos gastrointestinales. En muchas ocasiones, el consejo farmacéutico puede ser complicado, como en los casos de diarrea, en los que es difícil recomendar un tratamiento eficaz sin saber la causa del trastorno. Sin embargo, muchas veces olvidamos que una gran parte de estos trastornos están directamente relacionados con la microbiota intestinal y, por tanto, podrían ser subsanados de una forma fácil y segura.

La microbiota intestinal, más conocida como flora intestinal, es el conjunto de bacterias que viven de forma permanente en nuestro intestino. Se trata de una población muy diversa, de más de 400 especies distintas. Aunque son muy numerosas a lo largo de todo el intestino, la máxima concentración de bacterias se encuentra en el colon. Como dato ilustrativo, si pesáramos todas las bacterias que se encuentran únicamente en el colon, la balanza marcaría entre 300 y 600 gramos. Por si el dato no es suficientemente contundente, cabe destacar que nuestro cuerpo alberga más material genético microbiano (lo que conocemos como microbioma) que humano.

¿Y realmente caben tantas bacterias en nuestro intestino?  Si consideramos que la piel es el órgano más extenso de nuestro organismo, llegando a ocupar algo menos de 2 metros cuadrados de superficie, el intestino cuenta con vellosidades y microvellosidades que incrementan muy notablemente su extensión, hasta alcanzar los 400 metros cuadrados, dejando muy atrás la superficie de la piel y proporcionando espacio suficiente para todas las bacterias que buscan un hogar.

Pero, ¿de qué sirve hospedar a tantas bacterias?

Recordemos aquella imagen recurrente de los documentales en las que el chorlito egipcio (un pequeño e imprudente pajarillo) se posa en el interior de la boca del cocodrilo del Nilo. Esta exhibición de confianza ciega, lejos de servir al espectáculo circense del más difícil todavía, es un claro ejemplo de simbiosis mutualista. Es decir, que ambos animales salen beneficiados de su extraña relación: el chorlito obtiene alimento de entre los restos de comida de los dientes del cocodrilo, y éste último recibe una higiene bucodental que le libra de los parásitos que podrían dañar sus encías.

Equilibrio microbiota

Cubrir la pared del intestino y formar una barrera. Así son capaces de evitar la colonización del intestino por parte de bacterias exógenas, que podrían ser responsables de desencadenar procesos patológicos intestinales.La microbiota intestinal funciona de forma similar. En el mundo animal existen varios ejemplos que ponen en relevancia la importancia de estos pequeños seres en la vida cotidiana de quienes los albergan. Un ejemplo son las termitas, que pueden alimentarse de la celulosa de la madera gracias a las bacterias que viven en su interior, que son las verdaderas responsables de metabolizar la celulosa. Nosotros, los humanos, no dejamos de ser animales a ese respecto. Las bacterias de nuestro intestino, mientras se alimentan de las sobras de nuestra digestión, tienen cuatro misiones por cumplir:

  • Estimular las defensas del propio organismo. Favorecen la producción de anticuerpos y la maduración del sistema inmune.
  • Metabolizar lo que no ha podido metabolizar el propio organismo. Son capaces de descomponer algunos hidratos de carbono y fibras que nuestro cuerpo no puede tratar. Además, son imprescindibles para sintetizar la vitamina K (implicada en el proceso de coagulación sanguínea) y algunas vitaminas del complejo B.
  • Controlar el crecimiento de las células del colon. Liberan sustancias que regulan el crecimiento y ciclo celular de los colonocitos, protegiendo así de los procesos inflamatorios intestinales.

Volvamos de nuevo a las orillas del Nilo. Pongamos por caso que se produce un incremento de la población del milano negro, un conocido depredador del chorlito egipcio. En este caso, el número de chorlitos disminuiría considerablemente, produciéndose un desequilibrio en el ecosistema y dejando al cocodrilo sin su peculiar higiene dental. Por lo tanto, el cocodrilo, indirectamente, sufrirá las consecuencias de la falta del pajarillo, que en algunos casos podrían resultar fatales.

En nuestro organismo, el milano negro estaría encarnado por varios compuestos o situaciones. Los antibióticos, los antiinflamatorios y los antiácidos, además de las situaciones de estrés, los cambios en la alimentación o los viajes pueden eliminar parte de nuestra flora bacteriana. Esta alteración de la microbiota se conoce como disbiosis intestinal, cuyos síntomas abarcan desde hinchazón abdominal, malabsorción de nutrientes, estreñimiento o diarrea y fatiga hasta alteraciones del sistema inmune y alteraciones metabólicas de los colonocitos. Es importante destacar que la disminución del número de bacterias típico de la disbiosis conlleva una alteración de la proporción de bacterias patógenas del intestino, que encuentran un espacio favorable para colonizar el intestino y provocar toda la sintomatología asociada.

Un caso curioso es el de los deportistas. Un estudio reciente publicado en la revista científica British Medical Journal concluyó que el ejercicio físico incrementa el número de bacterias de la flora intestinal así como la diversidad bacteriana. Además, se encontró en los deportistas una bacteria del género Akkermansia, asociada previamente a menores tasas de obesidad. Sin embargo, la realización de ejercicio físico de alta intensidad de manera regular parece tener el efecto contrario.

¿Cómo se explica?

Resulta que nuestro aparato digestivo es uno de los aparatos de nuestro cuerpo peor adaptado al ejercicio. Durante la realización del ejercicio, la sangre que circula por el intestino, y que se encarga de nutrirlo, se desplaza hacia el músculo, que requiere un mayor aporte de nutrientes y oxígeno. Las células intestinales, ante esta situación, ven comprometida su viabilidad, afectando así a la adherencia de las bacterias en su superficie, que serán eliminadas por vía fecal. Como consecuencia, se desencadenará una cascada de síntomas gastrointestinales, incluyendo la aparición de malabsorción de nutrientes y falsas intolerancias alimentarias, que en última instancia podrían reducir el rendimiento físico del deportista.

Entonces, es una cuestión de equilibrio. El secreto es mantener el equilibrio del ecosistema. Pero, ¿qué se puede hacer cuando éste se ha alterado? A priori, sólo existen dos potenciales soluciones.

  • La primera consistiría en intentar eliminar al milano negro. Si el milano negro no está presente en el ecosistema, no podrá capturar a los chorlitos. Aunque parecería la solución más duradera y efectiva, lo cierto es que resulta muy difícil de llevar a cabo. En nuestro caso, eliminar el estrés o el entrenamiento deportivo por completo parece casi imposible. Además, la mermada población bacteriana aún tardará en regenerar su población para ser eficaz en su función (o lo que es lo mismo, los cocodrilos tendrán que esperar a que nazcan nuevos chorlitos y, durante ese tiempo, su higiene dental no será tan frecuente como lo era antes).
  • La segunda opción es incrementar el número de chorlitos, es decir, incrementar el número de bacterias intestinales. Los probióticos son productos que ayudan a restablecer la flora intestinal gracias a la incorporación de bacterias propias del microbioma humano. En este caso, el margen de tiempo en que la flora intestinal recupera su función es muy corto y se favorece el reequilibrio del ecosistema (y los cocodrilos volverán a disfrutar de sus frecuentes higienes).

En definitiva, el equilibrio de la microbiota intestinal es indispensable para un correcto funcionamiento no sólo del aparato digestivo, sino también del sistema inmune. Por eso la atención en el mantenimiento de nuestro ecosistema intestinal debería ser una prioridad en el cuidado de nuestra salud. Y es en este punto, el de la promoción de la salud, donde el farmacéutico puede contribuir a la mejora del cuidado del aparato digestivo poniendo en relevancia el papel fundamental de la flora intestinal y reduciendo, a largo plazo, los casos de trastornos gastrointestinales producidos por disbiosis.

doctor en biomedicina

Edgar Cepeda. Licenciado en Farmacia, Máster en Biomedicina y Doctor en Biomedicina por la Universitat de Barcelona. Con experiencia en atención primaria en varias oficinas de farmacia y en docencia.

Post publicado originalmente en la web Diactual, plataforma integrada en La Farmacia Hoy.

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